Recibir un diagnóstico de cáncer es uno de los momentos más abrumadores que una persona puede experimentar. En ese instante, todo lo que creías saber sobre tu futuro puede sentirse incierto. El suelo se mueve bajo tus pies, y el mundo que te resultaba familiar hace apenas unos momentos de repente se ve completamente diferente. Es absolutamente normal sentir shock, miedo, enojo, tristeza, o incluso un extraño entumecimiento que te hace preguntarte si esto realmente está sucediendo.
Date permiso para sentir lo que sea que surja. No hay una forma correcta de reaccionar ante este tipo de noticia. Algunas personas se derrumban de inmediato. Otras se quedan completamente en silencio. Algunas sienten una calma casi clínica, como si estuvieran observando todo desde la distancia. Otras oscilan entre todas estas emociones en una sola hora. Cada una de estas respuestas es válida, y ninguna dice nada sobre tu fortaleza o tu carácter.
Tómalo un día a la vez, o incluso una hora a la vez. No necesitas tener todas las respuestas ahora mismo. No necesitas tomar todas las decisiones hoy. Concéntrate en el siguiente paso que tienes frente a ti, ya sea hablar con tu médico sobre lo que viene, contarle a una persona de confianza en tu vida, o simplemente sentarte en silencio y dejarte respirar. El futuro seguirá ahí mañana.
Busca apoyo temprano, incluso si una parte de ti quiere manejar todo por tu cuenta. Ya sea un terapeuta especializado en trabajar con pacientes de cáncer, un grupo de apoyo donde las personas realmente entienden lo que estás atravesando, o un amigo cercano que pueda sentarse contigo sin intentar arreglar todo, tener a alguien con quien hablar marca una diferencia genuina. El aislamiento magnifica el miedo. La conexión, incluso la conexión imperfecta, lo suaviza.
Sé amable contigo mismo respecto a lo que puedes y no puedes manejar en este momento. Está bien limitar a cuántas personas les cuentas al principio. Está bien retirarte de obligaciones que se sienten demasiado pesadas. Está bien apagar tu teléfono por unas horas. Proteger tu energía emocional durante este tiempo no es egoísmo; es supervivencia.
Recuerda que un diagnóstico es el comienzo de un camino, no el final de tu historia. Muchas personas que han recorrido este camino antes que tú han encontrado una fuerza y una resiliencia que nunca supieron que tenían. No estás definido por este momento. Y no estás solo en esto. Estamos aquí, caminando a tu lado, por todo el tiempo que lo necesites.