Nadie te prepara para el momento en que la persona que más deseas se convierte en la persona que más temes tocar. De un día para otro, pasaste de amante a enfermero.
El cambio de rol sucede antes de que lo notes. Manejas medicamentos, citas, noches difíciles. Y en algún lugar, la carga erótica de tu relación hace cortocircuito.
Para la pareja con cáncer, la imagen corporal está destruida. Para ti — la pareja sana — el agotamiento del rol de cuidador, el miedo a lastimar. La culpa de ambos lados es el verdadero enemigo de la intimidad.
El toque sin intención es revolucionario. Una mano en la espalda. Un abrazo largo sin expectativa. Ese tipo de toque dice: te veo, quiero estar cerca, y no necesito nada más.
Si la intimidad fue perturbada por el cáncer, un terapeuta de pareja especializado puede ayudarles a escribir nuevas reglas.