Hay una silla junto a una cama de hospital donde te quedarás horas, o días, y cuando termine, nunca podrás sentarte en una silla de plástico sin que tu cuerpo lo recuerde.
El hospital tiene su propio ritmo. El cambio de turno a las siete. El médico — siempre breve, siempre por la mañana. "Cómodo" significa lo suficientemente sedado para no sufrir. "Estable" significa no peor por ahora.
Desarrollas rituales. Sostienes su mano y frotas su palma. Les hablas aunque estén inconscientes. Pones su música favorita. La culpa de salir — por un café, por aire — es aplastante.
Las últimas horas. La respiración cambia — se vuelve irregular, con largas pausas. Susurras cosas que has dicho mil veces y cosas que nunca dijiste. Y luego la respiración se detiene.
Salir del hospital después es surrealista. El sol brilla. Alguien ríe en el estacionamiento. Si cargas esta experiencia, un consejero de duelo puede ayudarte.