No hay un dolor como el dolor de un padre por un hijo enfermo. Alcanza algo primordial, el instinto central de proteger, de tomarlo sobre ti mismo, de exigirle al universo que seas tu y no ellos. Cuando eso no es posible, cuando el diagnostico se ha hecho y la enfermedad le esta sucediendo a tu hijo y no puedes detenerla, la impotencia puede sentirse insoportable.
Tienes derecho a estar devastado. Tienes derecho a estar furioso. Tienes derecho a tener momentos en los que genuinamente no sabes como sobreviviras esto, aunque sabes que debes hacerlo. Estos sentimientos no te hacen debil. Te hacen padre o madre.
Tambien hay realidades practicas que deben navegarse al mismo tiempo que las emocionales. Coordinacion del tratamiento, decisiones medicas que parecen imposibles de tomar sin un titulo en medicina, hablar con otros hijos en la familia, manejar la escuela, el trabajo y el hogar ademas de las citas en el hospital. La carga cognitiva y logistica sobre los padres de ninos con cancer es extraordinaria. Si tienes pareja, apoyense mutuamente. Si estas haciendo esto solo, busca todas las formas de apoyo disponibles para ti.
Busca apoyo especificamente para padres de pacientes pediatricos con cancer. La experiencia de tener un hijo con cancer es distinta de otras experiencias de cuidado oncologico, y hay comunidades, programas y consejeros que se especializan exactamente en este tipo de apoyo. No tienes que explicarte ante personas que no han estado aqui. Busca a quienes si lo han estado.
Cuida tu propia salud mental. Los padres de ninos con cancer tienen un alto riesgo de estres postraumatico, depresion y ansiedad, no solo durante el tratamiento sino despues, incluso cuando el pronostico es bueno. El trauma de ver sufrir a tu hijo es real y duradero. La terapia, el apoyo entre pares y el reconocimiento honesto de lo que estas atravesando no son extras opcionales. Son la forma en que funcionas lo suficientemente bien como para seguir estando presente para tu hijo.
Y ama a tu hijo a traves de esto de la manera que solo tu sabes. Leele. Abrazalo. Responde sus preguntas con la honestidad apropiada para su edad. Dejale ver que a veces tienes miedo, porque fingir lo contrario es agotador y los ninos generalmente lo saben de todos modos. Lo que mas necesitan de ti no es tu valentia. Es tu presencia.