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Pérdida y Duelo5 min de lectura

Lidiar con la Culpa Después de Perder a Alguien

La culpa es uno de los acompañantes más comunes — y más dolorosos — del duelo. Entender de dónde viene puede ayudarte a soltar su dominio.

La culpa después de la pérdida es casi universal, y sin embargo a menudo toma a las personas por sorpresa. Podrías sentirte culpable por cosas que dijiste o no dijiste. Por los momentos en que no estuviste ahí. Por las veces que perdiste la paciencia durante su enfermedad, o las veces que deseaste que simplemente terminara. Podrías sentirte culpable por estar vivo, por respirar, por existir en un mundo que ellos ya no habitan. Esta culpa puede ser implacable, y puede convencerte de que de alguna manera le fallaste a la persona que amabas.

Pero aquí hay algo importante que debes entender: la culpa después de la pérdida rara vez se trata de un error real. Usualmente es la forma de tu mente de intentar darle sentido a algo que no tiene sentido. Si puedes encontrar algo que hiciste mal, entonces tal vez puedas explicar por qué sucedió esta cosa terrible. Tal vez puedas ubicar algo de control en una situación donde no tuviste ninguno. La culpa no es evidencia de que fallaste — es evidencia de que te importaba profundamente, y de que tu amor ahora no tiene a dónde ir.

Los cuidadores a menudo cargan una carga de culpa especialmente pesada. Puedes revivir cada decisión médica, preguntándote si una opción diferente habría cambiado el resultado. Puedes sentirte culpable por los momentos en que te alejaste para cuidar de ti mismo — la ducha que tomaste, la hora de sueño que te permitiste, la tarde que pasaste lejos del hospital. Pero cuidar a alguien con cáncer es una de las cosas más demandantes que un ser humano puede hacer, y no eras sobrehumano. Eras una persona haciendo lo mejor posible en una situación imposible.

Algunas personas sienten culpa por el alivio que llegó cuando el sufrimiento de su ser querido terminó. Este alivio no significa que quisieras que muriera. Significa que no podías soportar verle sufrir más. Sentir alivio de que alguien ya no tiene dolor no es egoísmo — es profundamente compasivo. Es posible sentir alivio y devastación al mismo tiempo, y ninguno de los dos sentimientos cancela al otro.

Si la culpa te está consumiendo, intenta esto: imagina que un amigo viniera a ti cargando la misma culpa, describiendo las mismas circunstancias. ¿Qué le dirías? ¿Le condenarías, o le abrazarías y le dirías que hizo todo lo que pudo? Ofrécete a ti mismo la misma gracia que le ofrecerías a alguien que amas. También mereces esa compasión.

La culpa puede que no desaparezca por completo, y eso está bien. Pero con el tiempo, puedes aprender a reconocerla por lo que es — no un veredicto sobre tu carácter, sino un reflejo de tu amor. No le fallaste a tu persona. Te presentaste por ella de las formas en que pudiste, y eso fue suficiente. Siempre fue suficiente.

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No tienes que cargar esto solo.

El duelo no es algo que se pueda arreglar o apresurar. Pero tener apoyo — alguien que escuche, que entienda — puede marcar la diferencia.